Es común encontrar perritos con conductas agresivas hacia otros caninos e incluso hacia algunos humanos. Esta se asocia con diferentes causas que pueden ir desde una enfermedad o un trauma hasta un problema de temperamento. La agresividad en los peluditos caninos puede ser difícil de controlar para sus dueños representando así, una problemática que a menudo resulta en el abandono o en la necesidad de aplicar la eutanasia.


Si tu mascota es agresiva y quieres evitar lo anterior, primero te invitamos a analizar el origen de su agresividad. Hay muchos factores que pueden influir en este patrón de comportamiento, sin embargo, estos son los principales:

  • Territorio: si tu peludito percibe que su espacio está siendo invadido, se encargará de hacer que el “intruso” retroceda y lo deje en paz. 
  • Protección: tu perrito puede reaccionar agresivamente si siente que tú u otro miembro de la familia está en peligro.
  • Competencia sexual: esto se puede dar tanto en machos como hembras que compiten por la atención de los caninos del otro sexo.
  • Miedo o defensa: si tu perrito está en una situación estresante o se siente acorralado puede sentir que su mejor estrategia es atacar para que lo dejen tranquilo.
  • Posesividad o celos: es bastante común en los perros que quieran cuidar sus juguetes, comida o incluso sus dueños. 
  • Dolor: si tu mascota está herida, en el veterinario o en una situación en la que experimente dolor, puede tornarse agresiva como una respuesta ante esta situación.


Una vez analices la causas de su agresividad, es importante que puedas reconocer esas señales que te dicen que va a atacar:

  • Lo ves tenso, quieto y rígido
  • Emite sonidos amenazantes como gruñidos o ladridos
  • Se lanza hacia el objeto de agresión, sin necesariamente tener contacto
  • Muestra los dientes
  • Tiene la cola hacia arriba completamente quieta


Es tu responsabilidad conocer a tu peludito y saber qué situaciones desencadenan sus comportamientos agresivos. En cualquiera de estas, te recomendamos buscar asistencia profesional con un veterinario o entrenador canino. No olvides que en la mayoría de casos se puede corregir.