Las sociedades han considerado a los gatos como menos interesados en los humanos. La causa es que al tratarse de una especie que en condiciones normales vive solo, siempre se pensó que disfrutan poco de la compañía humana. Recientes investigaciones demuestran que, una vez más, estábamos equivocados. 

A nuestros gatos les importamos y saben cuándo estamos contentos. Son sensibles, sienten celos, alegría, ansiedad y se preocupan por nosotros, aunque lo demuestran de otra manera. El problema reside en que a diferencia de los perros, fáciles de entrenar, con los gatos es más complejo. 

La prueba más evidente de que los gatos sienten emociones se evidencia en el contexto de la maternidad. El comportamiento de una gata hacia sus pequeños durante este periodo está cargado de evidencias de empatía, los cuales solo pueden estar motivados por sentimientos afectivos y de preocupación por su descendencia, respuestas imposibles sin la existencia de emociones.

Cuanto más interaccionamos con ellos en las primeras semanas de vida, mayor será su deseo de relacionarse con humanos en el futuro, y más posibilidades de que nos acepten. 

Las señales afectivas las expresan a través de frotarse contra tus piernas e incluso la cabeza si es que estás acostado en la cama o en tu sofá. También usan los lamidos y aún más curioso: los pestañeos. El tacto es muy importante pero el gran secreto está en sus hermosas colas. Un gato con la cola en alto es muy probable que a continuación frote o » acaricie » a su amigo humano. 

En otras palabras, los gatos también pueden llegar a ser los mejores amigos del hombre.