Prácticamente todos los animales poseen pelos sensoriales. Se trata de pelos más gruesos que se insertan en una base rodeada de células sensoriales capaces de sentir la más mínima vibración o roce. Unos de los más visibles son los bigotes, muy desarrollados en todos los felinos y entre ellos el gato doméstico.

Su función es la de detectar objetos o movimientos alrededor del animal. Su posición y tamaño permiten, por una parte, que los gatos sean capaces de medir orificios antes de meter la cabeza para no quedar atrapados. Por otro lado, con los bigotes los gatos detectan los más leves movimientos del ambiente, usándolos tanto para la caza como para desplazarse y saltar.

El secreto de su enorme sensibilidad está en la raíz que se inserta en la epidermis, concretamente en unos folículos repletos de células sensoriales que son las encargadas de detectar los movimientos y roces y de transmitir la correspondiente señal al cerebro, donde estas señales son analizadas transformándose en datos como el ancho de un paso o la velocidad y dirección del viento.

¿Qué ocurre si corto los bigotes a un gato? 

Aunque sean más duros que el pelo normal se pueden cortar y no le supone ningún tipo de dolor al animal, ni durante ni después del corte. En los perros, por ejemplo, esta práctica es habitual durante los cortes de pelo y de hecho los mininos también mudan los bigotes periódicamente.

El problema es que cortándolos reducimos la interacción del animal con el entorno, ya que el felino tiene menos información. Por eso se vuelven reacios a pasar por lugares estrechos al no poder calcular el ancho con exactitud.

Aunque es cierto que los bigotes pueden cortarse sin riesgo para la salud de nuestra mascota, no debemos olvidar que los felinos son cazadores sigilosos que disfrutan subiendo por las alturas y pasando por pequeños agujeros, por lo que especialmente si salen a la calle es preferible evitar el recorte o limitarlo a los bigotes dañados si fuera necesario.