El gusano pulmonar de la familia de los nematodos (Angiostrongylus vasorum) puede desarrollar sus larvas y conseguir que lleguen a introducirse en nuestro peludito. La infestación con gusanos pulmonares es una enfermedad parasitaria grave ya que en más del 10% de los casos puede llegar a ser mortal. Esto nos debe de poner en alerta pero tómalo con calma, ya que, algunos estudios publicados, indican que hasta un 16% de los perros con síntomas respiratorios están infectados por el gusano pulmonar. Una adecuada profilaxis preventiva será la mejor manera de ayudar a nuestra querida mascota.

El gusano pulmonar no se transmite por ningún insecto portador, sino principalmente por crustáceos como caracoles o babosas.  La infestación se produce por la ingestión de animales portadores o de agua con larvas en suspensión. Estas larvas jóvenes viajarán atravesando la pared intestinal y, a través del flujo sanguíneo, alcanzarán las arterias pulmonares y el corazón donde se desarrollarán hasta ser adultas y alcanzar un tamaño de 2 cm de longitud. Desde que los parásitos entran en el organismo de un perro sano hasta que alcanzan su madurez pueden transcurrir de 1 a 2 meses. El perro infectado no sólo sufrirá la enfermedad, sino que también actuará como originador del ciclo vital que necesita el gusano: tras la eclosión de los huevos de los gusanos adultos, las nuevas larvas jóvenes serán expulsadas por la tos, los estornudos o las exudaciones, llegando hasta la boca, de donde serán tragadas y finalmente excretadas con las heces del perro. Así las larvas vuelven al hábitat externo para ser transportadas hasta otro animal sano.

La enfermedad puede aparecer a cualquier edad, aunque la probabilidad de sufrirla es mayor en los canes jóvenes, inquietos y juguetones. Si detectamos cualquier síntoma deberemos acudir a nuestro veterinario para que realice una exploración en busca del parásito en las heces, el exudado pulmonar o en sangre.

Síntomas:

  • Intolerancia al ejercicio debido a la dificultad respiratoria que experimenta.
  • Tos seca y grave después de realizar esfuerzos, ahogamiento.
  • Coagulopatías que originan hemorragias nasales, sangrados prolongados de heridas menores y hematomas bajo la piel.
  • Falta de apetito y pérdida de peso, llegando a la anorexia.
  • Apatía, bajo estado de ánimo e incluso nerviosismo y descoordinación de los movimientos.