Coincidiendo con la primavera y el otoño, los periodos de celo se repiten

anualmente en los perros no esterilizados. Estas alteraciones hormonales

provocan en los animales un cambio de comportamiento, generalmente

manifestado mediante el marcaje con orina, que resulta bastante molesto

para los propietarios y que únicamente se puede solucionar mediante la

esterilización quirúrgica de nuestro peludito.

La llegada de la primavera incrementa el número de horas de luz solar, lo que provoca que los animales no esterilizados entren en celo. El cambio hormonal generado esta circunstancia hace que de forma natural se incrementen los estrógenos en las hembras y la testosterona en los machos. Algo muy similar sucede en otoño, en esta ocasión con la disminución de las horas de día. Desde un punto de vista biológico esto se debe a que las perras son poliéstricas estacionales, es decir, que coincidiendo con primavera y otoño tienen dos celos al año.

Por el contrario los machos no tienen fases de celo diferenciadas, ya que pueden reproducirse y son activos sexualmente durante todo el año. Sin embargo, sí que se han observado aumentos en los niveles de testosterona coincidiendo con las épocas de celo de las hembras, probablemente debido a los cambios en las horas de luz y a las feromonas liberadas por ellas.

Todos estos cambios hormonales provocan alteraciones en el comportamiento de los animales, ya que su cerebro les empuja a buscar un objetivo único, que es atraer a los machos o buscar y fecundar a las hembras.

En la mayoría de animales estos comportamientos se acentúan en la calle. Los más habituales son el marcaje con orina, tanto en las hembras para liberar feromonas y atraer a los machos, como en ellos para marcar el territorio y a las perras que hay dentro de él.

Tampoco son raras las peleas o marcajes entre machos por efecto de la testosterona, los escapes, la desobediencia y la ansiedad durante los paseos. En casa también podemos observar comportamientos anómalos o compulsivos, especialmente en los machos con una actividad sexual alta, como la monta de objetos y personas o el lamido excesivo de los genitales debido a la acción de la testosterona.

Uno de los cambios más notables en los machos durante el celo es el aumento en la producción de una sustancia de color verdosa a través del pene. Se trata del esmegma, un lubricante natural presente durante todo el año y que aumenta en las épocas de celo de las hembras para facilitar el proceso reproductivo sin causar lesiones en el animal.

Debido a su color y a que su aspecto es muy similar al del pus muchos propietarios nos alarmamos pensando que nuestra mascota parece una infección, algo que se acentúa debido al lamido continuo por la sobreexcitación.

La única forma de prevenir estas conductas es la esterilización, que elimina la carga hormonal mejorando la convivencia con otros animales, contribuyendo a reducir los comportamientos molestos y la frustración asociada a la actividad sexual que no les permitimos desarrollar de forma natural.