¿En tu infancia conviviste con un perro o conoces a alguién que sí lo hizo? probablemente la respuesta es sí. ¡Es un recuerdo inolvidable! Los peluditos se convierten en parte de la familia y pasamos la mayoría del tiempo con ellos jugando y disfrutando del día a día. Si en tu casa viven niños y perros, sabes que el vínculo entre ellos es especial y muy familiar.

Las mascotas juegan un papel muy positivo y enriquecedor en la vida emocional de los niños, derivando en múltiples beneficios socioeducativos para toda la familia. Sin embargo, debes enseñarle a tu hijos la importancia de los valores como la confianza, la autoestima, la responsabilidad y la amistad. Los pequeños de la casa comprenden que los animales, al igual que ellos mismos, requieren cuidados, respeto y atención. Por ello, los niños están dispuestos a dedicar parte de su tiempo a cuidar a su perro, a renunciar a un juguete para dárselo a su “amigo”, a levantarse temprano para sacarlo a pasear, en definitiva, a realizar esfuerzos que les enriquecen como pequeñas personas. Hábitos saludables que pueden, incluso, llegar a contribuir a que tengan un mayor rendimiento escolar.

La familia con perro u otra mascota a su vez se beneficia de un mejor desarrollo de la comunicación y la convivencia interna; la mascota se convierte en un punto de encuentro entre padres e hijos que fomenta la compartición del tiempo común, de mayor calidad, durante los adiestramientos, los paseos, la preparación de las comidas, etc.

Tips extra:

  • Si apenas estás considerando crecer la familia, elige bien la raza de perro que mejor se adapte a tu entorno. 
  • Educar bidireccionalmente, tanto al perro como a los niños, enseñándoles a ambos las reglas básicas que deben conocer para relacionarse mutuamente.
  • Cubrir las necesidades básicas del perro. Un perro bien cuidado y sano será un perro feliz, y si lo mantienes así, será más cariñoso y se relaciona adecuadamente con tus hijos.
  • Cuida la limpieza de sus utensilios y juguetes (cama, muñecos, correa, etc.).
  • Cuida su propia higiene con baños regulares, cepillados diarios y una limpieza dental rigurosa para prevenir enfermedades.
  • Mantén las revisiones y vacunas periódicas que te planifique tu veterinario.